21 conceptos que me hubiera gustado saber cuando empecé en esto

Hace unos días me topé con una foto de la época en la que acababa el máster de secundaria. No miento: durante una fracción de segundo me costó reconocerme. Superada esa extrañeza, comencé a pensar en cuántas cosas me hubiera gustado saber cuando empezaba en esto de la educación. Y es que, como a la mayoría, nadie me explicó gran cosa (nota: insertar aquí un gran aplauso al acompañamiento del profesor novel), así que si hoy en día tuviera a mi lado a alguien que comenzase le diría lo siguiente:

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1. Sé cálido.
Intenta generar un clima cálido en clase. Sin él, es imposible crear y aprender nada. Si solo pudiera dar un consejo, sería este. Pero recuerda también que no eres la Madre Teresa de Calcuta. Lleva esta calidez incluso a los espacios y tiempos en los que das clase. Háztelos tuyos y de tus alumnos. Tenemos demasiados institutos que parecen oficinas. No necesitamos ni uno más.

2. Disciplina que disciplinarás.
Al principio te preocupará mucho el asunto de la disciplina. “¿Seré capaz de controlar la clase?”. Si eres una persona inteligente (amablemente vamos a suponer que sí), el actuar con sentido común y medida resolverá la mayor parte de los problemas. De verdad.

Haber tenido algo parecido a la fantástica entrada del blog del maestro Jordi Domènech, que precisamente inspira estas líneas que ahora lees, en aquel momento me hubiera sido realmente útil. Con ella aprenderás de manera concisa acerca del asunto lo que en pocos sitios se atreven a decir. Yo me quedo especialmente con dos ideas: A) Si lo que vas a decir/hacer no mejora la situación, no lo digas/hagas» y B) Sé consecuente. El respeto no se da, se gana.

También te recomiendo escuchar discreta pero vivamente las palabras de los alumnos, observar sus gestos, oler la clase, recorrer los pasillos, conocer hasta la última esquina del patio y no olvidar pasar de tanto en tanto por los despachos de dirección. Todo esto puede parecer obvio, pero hay gente que no vería un elefante ni que lo tuviera delante.

3. Quítate complejos.
Al principio parece que a todos los profesores les va mejor que a ti. Es mentira. A algunos sí, ¿para qué negarlo? A otros les va más o menos como a ti y también hay gente a la que le va infinitamente peor que a ti. Conclusión: complejos fuera.

Tus compañeros no son tus rivales, aunque a veces con algunos lo parezca. La herramienta más potente de transformación a nivel individual y colectivo que tienes como docente son los compañeros que tienes a tu lado. Busca tiempo para hablar con ellos: pregunta, comenta, comparte, dales tiempo para que te conozcan, propón ideas…

4. Aprende a decir “Ya es suficiente”.
Mucho cuidado con aquellos cansinos que siempre tienen un “No” o una queja para cualquier propuesta. Sea la que sea.

Mucho cuidado también en implicarte en conflictos (larvados) entre compañeros que llevan más tiempo en el centro.

Y mucho cuidado especialmente con una especie de ¿profesores? con superpoderes: no entran en clase desde hace una eternidad (si es que alguna vez han entrado), pero te dicen cómo tienes que hacerla. Desconfía. El mejor profesor del mundo, por mucho que un banco o una multinacional de las telecomunicaciones te lo repita cada dos por tres, no existe. Trabaja para serlo tú. Finlandia tampoco existe. Hazla tú en tu clase tan buenamente como puedas.

5. Invierte en ti.
Eres novel, pero que no te dé miedo seguir, asistir, participar en cursos, eventos, proyectos etcétera en los que la mayoría son profesores que están en activo desde hace más tiempo que tú.  Ser veteranos no les hace mejores per se, aunque algunos aún crean en este darwinismo docente. Tranquilidad, a estos no te los encontrarás haciendo formación fuera de horas lectivas.

Los mejores cursos, experiencias en la gran mayoría de casos… las buscarás y las pagarás tú con tu dinero y/o trabajo. Triste pero cierto. No esperes gran cosa ni de la universidad, ni del Departament d’Ensenyament de turno, ni de los sindicatos ni por supuesto del montón de empresas que ahora intentan copar el mercado educativo. Ah, y puestos a colaborar con ellas, tampoco acostumbran a pagar bien… si es que pagan. El aviso queda hecho.

6. Pierde el miedo.
Lo más importante es que, razonadamente, intentes hacer las cosas a tu manera y no tengas miedo a cambiar, probar… Date tiempo para aprender, esto incluye acertar y fallar. Sobre todo esto último. Tampoco se trata de cambiarlo todo desde el principio, lo único que tienes que tener claro es qué y quiénes son tus referentes y seguirlos. Que no te dé miedo copiar si la práctica propuesta es buena. Ya tendrás tiempo de desviarte y abrir tu propio camino en esta jungla si lo crees conveniente.

Olvida el qué dirán. El mundo educativo está lleno de gente a la que no podrás admirar e imitar nunca lo suficiente y también lleno de mediocres. Literal y metafóricamente hablando. En fin, en la vida no hay nada definitivo excepto la muerte y que destroces un 2º de bachillerato.

7. Ten la mirada abierta.
No gires exclusivamente en torno a un determinado ciclo educativo. Puedes adaptar, extraer ideas y llegar a conclusiones a partir de cualquier nivel y desde cualquier ámbito de conocimiento. Desde P3 a la escuela de adultos. Desde Química a Francés. Eso aportará singularidad y riqueza a tus proyectos. Un buen profesor lo es en cualquier nivel.

Haz del día a día y/o de la actualidad, de los asuntos de la calle o de los grandes temas de la humanidad y la cultura el objeto de trabajo de tus aulas. Lo que sea, pero que tenga sentido. El trabajo del aula debe estar conectado con la realidad e interactuar con ella.

Muestra el trabajo de tus alumnos. Que lo defiendan públicamente. Como estudiante conoces bien que no hay nada más desmotivante saber de antemano que tu trabajo sólo lo leerá el profesor.

8. Documenta y comparte.
Documenta, documenta, documenta y documenta tus trabajos/proyectos/reflexiones. Como decía antes: si puede ser públicamente, mejor. Así podrías recibir otros puntos de vista y enseñar al mundo de lo que eres capaz. Lleva un diario de reflexión docente. Sin vergüenza alguna. Tendría que ser obligatorio.

Respecto al compartir: salvo que seas un genio y te vieras en el extraño caso de que estuvieras dispuesto a pagar por patentes, te recomiendo las licencias Creative Commons.

9. Lee.
Y relee los clásicos y modernos bien seleccionados de la pedagogía y los de tu especialidad. Sin una buena base teórica tu praxis nunca será del todo exitosa.

Dedica un tiempo a la literatura, por muy de ciencias que seas. Y viceversa. De verdad, hay pocas cosas más bonitas que unir las especialidades científicas con las humanísticas y artísticas.

10. Deja tranquilo el boli rojo un rato.
Evaluar no es calificar. Se evalúa durante el proceso y no únicamente al final. Si quieres saber más acerca de ello, comienza con Avaluar per aprendre, de Neus Sanmartí. Gracias por el enlace, Abraham de la Fuente.

11. “Be legal my friend”.
Mantente al día de la normativa y documentación que el propio Departament de Ensenyament ofrece vía XTEC. Te ahorrarás un montón de discusiones… y podrás iniciar otras con la seguridad de que la razón la tendrás tú… aunque en ocasiones no sirva para mucho. De nada.

12. Libros de texto, plataformas digitales, dosieres y Moodles varios.
Puede que al principio sean una ayuda, pero a poco que te pongas con ellos verás lo limitantes que son. Luego está el asunto de dar clase como si tuvieras libros de texto pero sin libros de texto, complicado. Lo digo por la cantidad de centros que se jactan de no usarlos y luego se dedican a piratearlos en el Moodle de turno en el mejor de los casos. Otros directamente hacen que los alumnos los lleven de una clase a otra. Así de genios son. Tampoco no usar libros es garantía de innovación alguna, pero como dice Sergi del Moral, si sobrevives un curso sin ellos, a partir de ahí no los volverás a echar en falta. Un curso o bastante más, añado yo. Pero tiene toda la razón.

Ah, el índice del libro del texto no es “lo que tienes que dar”. Eso lo decidís tu departamento y tú con el currículum en mano. Y te sorprenderá para bien, el actual currículum te da mucha más libertad de lo que crees.

13. “Show me the money”.
Si todo esto lo haces por pasta, cambia de carrera laboral. Así no te harás daño ni harás daño. Esto no es incompatible con querer ser reconocido y tener un sueldo digno, pero para hacerse precisamente rico no es. Triste pero cierto. Y en este caso también doloroso.

14. Busca tu lugar (si puedes).
Tras pasar por centros privados, concertados (otra curiosa manera de decir “privado”) y públicos puedo afirmar que hay escuelas e institutos maravillosos, buenos, normalitos, malos y auténticos infiernos en las dos categorías. No te dejes llevar por los tópicos.

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15. Sustituciones e interinaje.
Probablemente comenzarás haciendo breves sustituciones. Intenta que ese periodo te destroce lo menos posible. Es duro. En muchas ocasiones, muy duro. Hacer muchas sustituciones breves tiene por lo general aspectos (muy) negativos, pero por el contrario tiene uno muy bueno: si la trabajas, la velocidad de adaptación a los centros mejorará de manera increíble y eso te beneficiará claramente en clase y en el centro en general.

16. La temida visita del inspector.
Que no te extrañe si ese día si ves que falta gente por los pasillos o percibes nerviosismo en tus compañeros. No te lo tomes como nada personal. Te remito de nuevo al punto 3.

17. Oposita.
Si realmente sientes que merece la pena que dedicar tu vida a la educación, una vez acabes el máster, si tienes tiempo y puedes permitírtelo, prepara las oposiciones. Olvida méritos, los cansinos del “No” y no sé qué más. Nunca sabes cuándo será la convocatoria buena. Palabrita de interino.

18. TIC.
Puedes ser un profesor maravilloso sin acercarte a un ordenador. Usar tecnología no hace que tus clases sean mejores. Las TIC son un medio, no un fin. Piensa en tu trabajo como una canción, con unos buenos arreglos suena mejor, pero la versión acústica es la que demuestra si la canción funciona o no de verdad.

Ten un plan alternativo por si las actividades que dependen de la tecnología no funcionan. Esto muy raramente ocurre, pero nunca se sabe, a lo mejor te pasa un día, pero ya digo: es muy raro que ocurra…

Aquí van un par de regalitos para comenzar, cortesía de Jaume Feliu: el Cuaderno virtual del profesor y el generador de rúbricas CoRubrics. Ambos funcionan con Gsuite.

Toma Twitter como una herramienta profesional. Si tienes un claustro en tu escuela que no te gusta, móntatelo allí. Participa, colabora, juega, habla, lee, discute…

19. Sé un chafateclas cuando toca.
Deja constancia de todo lo que puedas por escrito. Con tanta gente con la que interactuarás es posible que se pueda producir algún malentendido: dirección, padres, alumnado… y las palabras se las lleva el viento en el momento más inoportuno.

20. En caso de emergencia…
Pide ayuda. No tengas miedo. No eres peor profesor por pedir ayuda. Al contrario.

Ah, y si alguien te puede salvar la vida en un centro es la gente de secretaria, consergería y limpieza. Pensarás que lo que acabo de decir no es más que una gracia, pero, créeme, no he escrito mayor verdad que esta. Con el tiempo lo entenderás.

21. Surfea y disfruta.
Algunos aspiran a mantener la escuela en el pasado. Esta necesita que los profesores, especialmente los noveles, se suban a la ola y disfruten surfeándola o se nos llevará por delante a todos.

¿He conseguido yo todo lo que acabo de escribir? Pues algunos puntos sí y otros no, pero estoy en ello. Zoquete que es uno… 😉

Fotos cortesía de Jason Wong en Unsplash.

El decálogo de las lecturas en clase.

Todos tenemos en nuestra mente la imagen de nuestros adolescentes quejumbrosos ante el anuncio de la enésima lectura escolar. La situación no parece haber cambiado en demasía: uno de los habituales quebraderos de cabeza para los centros educativos es el tratamiento de la lectura. Sí, la teoría nos la sabemos muy bien: es responsabilidad de todo el claustro el inculcar el espíritu lector en nuestros alumnos, además es una de las competencias básicas esenciales de cualquier programación, y, por supuesto, esto debe estar bien resaltadito en el proyecto educativo de centro, no sea que inspección nos dé un toque… Pero no nos engañemos: por lo que uno ha podido ver, salvo excepciones, esta hercúlea tarea se asigna, por no decir abandona en algunos casos, a manos de los profesores de lengua y literatura, que por eso “… lo de la lectura es  lo vuestro.” (sic).

Hastiado de la usual dinámica de lectura había probado diversas fórmulas: unas más complicadas que otras y con desigual resultado. Erraba el tiro. Lo importante no era llegar al destino, sino disfrutar del viaje. Algo que resultó esencial para mí fue la decisión de premiar a los alumnos que leen en lugar de perseguir vanamente a los que no lo hacen. Puede parecer una obviedad, pero es fácil caer en la trampa de subrayar siempre lo negativo.

Tampoco ahora tengo ningún método maravilloso, queda dicho de antemano, pero al menos siento que la dinámica es diferente y que tanto profesor como alumnos salimos contentos de haber construido una clase juntos. La idea de las tertulias literarias la recojo el curso pasado de María José Chordá. En realidad es una metodología sencilla que cualquiera puede aplicar: comentar en clase lo que hemos leído y anotado en casa. Ya lo veo, algún listo se forrará llamándolo Flipped reading™. Justo es admitir que el año pasado lo intenté y no acabó de funcionar. De ello aprendí que las cosas, y más en el mundo educativo, tienen un tiempo de maduración. Al lío, el procedimiento es el siguiente:

  1. Acordamos con nuestro alumnado el número de páginas/capítulos que todos nos comprometemos a leer en casa. Es importante negociar el acuerdo y que este sea lo más amplio posible ya que así se incorporará y lo cumplirá un mayor número de alumnos. La responsabilidad de hacer la clase es de todos. Si no leen, no hay tertulia. Simple.
  2. No solo lo leemos sino que acordamos marcar aquellos pasajes que nos gustaría comentar con los compañeros. Mi experiencia me dice que es aconsejable recomendarles, al menos al principio, un número mínimo de fragmentos/subrayados: los alumnos lectores lo superarán sin problemas y a los que les cuesta más, tendrán un referencia clara del trabajo mínimo que se les pide.
  3. Dejo enlazada en una ficha de evaluación para el profesorado. Más abajo podéis ver la ficha en la que se localizan los fragmentos, se transcriben y lo más importante: se anotan las ideas que el alumno relaciona con el pasaje seleccionado. Mi recomendación es que estas ideas no se redacten excesivamente, simplemente que escriban las palabras como si fuera una simple asociación de ideas. Así se evita que los alumnos simplemente lean lo que tienen escrito y se fuerzan a articular un discurso oral público.
  4. Respecto al punto anterior: es ideal que el profesor también traiga su ficha completada. No solo sirve de guía para tratar los puntos esenciales de la lectura de la semana sino que los alumnos aprecian que se les trata de igual a igual y se rompe con la dicotomía profesor-emisor vs. alumno-receptor, que parece mentira que a estas alturas todavía haya que recordar esto. Al final de la lectura se la recojo, simplemente para constatar su trabajo, no para evaluar lo que dicen, que ya ha sido previamente comentado.
  5. El documento anterior también viene con un espacio en el que los alumnos anotan las opiniones de los compañeros acerca de su interpretación de la lectura, con ello intento fomentar la escucha activa y que el intercambio de pareceres no se convierta en un vacío intercambio de monólogos como tantas veces ocurre en los debates. Me he dado cuenta de que los alumnos no escriben solo lo que dicen sus compañeros sino que también anotan otros fragmentos seleccionados por sus compañeros, con lo que la reflexión acerca de la lectura aumenta todavía más. Bien por ellos… pero les ha costado ponerlo por escrito durante la misma tertulia, para muestra, un botón:
  6. En clase, un alumno diferente en cada sesión hace de moderador: recordar lo leído hasta entonces, apuntar las normas de comportamiento básicas, anotar y gestionar los turnos y animar la tertulia. No es poco. Es importante que tengan un esquema-guion de los aspectos esenciales que se deberían comentar ese día, lo ideal es negociarlo previamente con el profesor.  Mi recomendación es que el alumno-moderador ese día se concentre en llevar bien el debate y abandone por un día su rol lector.
  7. Los alumnos que no han leído la lectura, tranquilamente pueden seguir leyendo el libro fuera del círculo que forman los que sí lo han leído. Sin reproches. En el momento que el alumno se pone al día de la lectura, entra automáticamente al grupo de tertulia, sin dar más explicaciones. De esta manera saben que si fallan algún día no pasa nada, porque tienen otras oportunidades para recuperar y mejorar. Por lo general, he percibido un aumento lector. Supongo que va relacionado con que ellos son los protagonistas, la lectura se vuelve en definitiva un producto social.
  8. A la mayoría el hecho de leer todos a la vez le parece inadecuado y aburrido, salvo fragmentos muy concretos. A este profesor, también. Sí que leemos entre todos el inicio de la historia, ponemos una base común y partir de ahí cada uno inicia su vuelo. Y la elección del libro es clave. Huelga decirlo.
  9. Las notas las pongo revisando sus intervenciones en las tertulias, por lo general son buenas y así van tranquilos. Si un día, por el motivo que sea no se produce demasiado diálogo, una posibilidad es ofrecer posponer la charla y que cada uno siga leyendo a su ritmo. No hay que forzar. Les ofrezco también una actividad extra por si todavía quieren subir nota. Y la hacen en muchos casos. Más de lo que inicialmente había previsto. (Nota mental: cuando están motivados son capaces de todo).
  10. Si a alguien le asusta este sistema de aprendizaje dialógico le recomendaría vivamente leer la entrada Kit de supervivència per dialogar a l’aula de Sergi del Moral, en la que se concretan algunos buenos consejos para conseguir una buen diálogo en el aula. Así pues, entrada y profesor imprescindible, seguidlo.

La valoración de los alumnos la dejo para una entrada posterior. Quisiera que fueran ellos los que realmente tuvieran la palabra, pero ya digo ya que, por lo general, la acogida ha sido muy buena y la gran mayoría ha coincidido que les aporta seguridad poder comentar aspectos que no les habían quedado claros, que les encanta dar su opinión, escuchar la de los demás y, por supuesto, que el libro y la lectura se disfrutan más así. Dejo dos pequeñas valoraciones de dos alumnos que no son precisamente lectores voraces:

«Hablar del libro sí que me mola, profe».

«Es el primer libro que me leo en 3 años, que realmente me engancha y que me gusta hablar de él».

Asimismo también también les pido que den su opinión para mejorar la tertulia o que comenten aspectos que no les han gustado, pero eso lo concretaré en la entrada de la evaluación. Os animo a probar el sistema y a que comentéis vuestro resultado o cualquier duda en los comentarios.