El decálogo de las lecturas en clase.

Todos tenemos en nuestra mente la imagen de nuestros adolescentes quejumbrosos ante el anuncio de la enésima lectura escolar. La situación no parece haber cambiado en demasía: uno de los habituales quebraderos de cabeza para los centros educativos es el tratamiento de la lectura. Sí, la teoría nos la sabemos muy bien: es responsabilidad de todo el claustro el inculcar el espíritu lector en nuestros alumnos, además es una de las competencias básicas esenciales de cualquier programación, y, por supuesto, esto debe estar bien resaltadito en el proyecto educativo de centro, no sea que inspección nos dé un toque… Pero no nos engañemos: por lo que uno ha podido ver, salvo excepciones, esta hercúlea tarea se asigna, por no decir abandona en algunos casos, a manos de los profesores de lengua y literatura, que por eso “… lo de la lectura es  lo vuestro.” (sic).

Hastiado de la usual dinámica de lectura había probado diversas fórmulas: unas más complicadas que otras y con desigual resultado. Erraba el tiro. Lo importante no era llegar al destino, sino disfrutar del viaje. Algo que resultó esencial para mí fue la decisión de premiar a los alumnos que leen en lugar de perseguir vanamente a los que no lo hacen. Puede parecer una obviedad, pero es fácil caer en la trampa de subrayar siempre lo negativo.

Tampoco ahora tengo ningún método maravilloso, queda dicho de antemano, pero al menos siento que la dinámica es diferente y que tanto profesor como alumnos salimos contentos de haber construido una clase juntos. La idea de las tertulias literarias la recojo el curso pasado de María José Chordá. En realidad es una metodología sencilla que cualquiera puede aplicar: comentar en clase lo que hemos leído y anotado en casa. Ya lo veo, algún listo se forrará llamándolo Flipped reading™. Justo es admitir que el año pasado lo intenté y no acabó de funcionar. De ello aprendí que las cosas, y más en el mundo educativo, tienen un tiempo de maduración. Al lío, el procedimiento es el siguiente:

  1. Acordamos con nuestro alumnado el número de páginas/capítulos que todos nos comprometemos a leer en casa. Es importante negociar el acuerdo y que este sea lo más amplio posible ya que así se incorporará y lo cumplirá un mayor número de alumnos. La responsabilidad de hacer la clase es de todos. Si no leen, no hay tertulia. Simple.
  2. No solo lo leemos sino que acordamos marcar aquellos pasajes que nos gustaría comentar con los compañeros. Mi experiencia me dice que es aconsejable recomendarles, al menos al principio, un número mínimo de fragmentos/subrayados: los alumnos lectores lo superarán sin problemas y a los que les cuesta más, tendrán un referencia clara del trabajo mínimo que se les pide.
  3. Dejo enlazada en una ficha de evaluación para el profesorado. Más abajo podéis ver la ficha en la que se localizan los fragmentos, se transcriben y lo más importante: se anotan las ideas que el alumno relaciona con el pasaje seleccionado. Mi recomendación es que estas ideas no se redacten excesivamente, simplemente que escriban las palabras como si fuera una simple asociación de ideas. Así se evita que los alumnos simplemente lean lo que tienen escrito y se fuerzan a articular un discurso oral público.
  4. Respecto al punto anterior: es ideal que el profesor también traiga su ficha completada. No solo sirve de guía para tratar los puntos esenciales de la lectura de la semana sino que los alumnos aprecian que se les trata de igual a igual y se rompe con la dicotomía profesor-emisor vs. alumno-receptor, que parece mentira que a estas alturas todavía haya que recordar esto. Al final de la lectura se la recojo, simplemente para constatar su trabajo, no para evaluar lo que dicen, que ya ha sido previamente comentado.
  5. El documento anterior también viene con un espacio en el que los alumnos anotan las opiniones de los compañeros acerca de su interpretación de la lectura, con ello intento fomentar la escucha activa y que el intercambio de pareceres no se convierta en un vacío intercambio de monólogos como tantas veces ocurre en los debates. Me he dado cuenta de que los alumnos no escriben solo lo que dicen sus compañeros sino que también anotan otros fragmentos seleccionados por sus compañeros, con lo que la reflexión acerca de la lectura aumenta todavía más. Bien por ellos… pero les ha costado ponerlo por escrito durante la misma tertulia, para muestra, un botón:
  6. En clase, un alumno diferente en cada sesión hace de moderador: recordar lo leído hasta entonces, apuntar las normas de comportamiento básicas, anotar y gestionar los turnos y animar la tertulia. No es poco. Es importante que tengan un esquema-guion de los aspectos esenciales que se deberían comentar ese día, lo ideal es negociarlo previamente con el profesor.  Mi recomendación es que el alumno-moderador ese día se concentre en llevar bien el debate y abandone por un día su rol lector.
  7. Los alumnos que no han leído la lectura, tranquilamente pueden seguir leyendo el libro fuera del círculo que forman los que sí lo han leído. Sin reproches. En el momento que el alumno se pone al día de la lectura, entra automáticamente al grupo de tertulia, sin dar más explicaciones. De esta manera saben que si fallan algún día no pasa nada, porque tienen otras oportunidades para recuperar y mejorar. Por lo general, he percibido un aumento lector. Supongo que va relacionado con que ellos son los protagonistas, la lectura se vuelve en definitiva un producto social.
  8. A la mayoría el hecho de leer todos a la vez le parece inadecuado y aburrido, salvo fragmentos muy concretos. A este profesor, también. Sí que leemos entre todos el inicio de la historia, ponemos una base común y partir de ahí cada uno inicia su vuelo. Y la elección del libro es clave. Huelga decirlo.
  9. Las notas las pongo revisando sus intervenciones en las tertulias, por lo general son buenas y así van tranquilos. Si un día, por el motivo que sea no se produce demasiado diálogo, una posibilidad es ofrecer posponer la charla y que cada uno siga leyendo a su ritmo. No hay que forzar. Les ofrezco también una actividad extra por si todavía quieren subir nota. Y la hacen en muchos casos. Más de lo que inicialmente había previsto. (Nota mental: cuando están motivados son capaces de todo).
  10. Si a alguien le asusta este sistema de aprendizaje dialógico le recomendaría vivamente leer la entrada Kit de supervivència per dialogar a l’aula de Sergi del Moral, en la que se concretan algunos buenos consejos para conseguir una buen diálogo en el aula. Así pues, entrada y profesor imprescindible, seguidlo.

La valoración de los alumnos la dejo para una entrada posterior. Quisiera que fueran ellos los que realmente tuvieran la palabra, pero ya digo ya que, por lo general, la acogida ha sido muy buena y la gran mayoría ha coincidido que les aporta seguridad poder comentar aspectos que no les habían quedado claros, que les encanta dar su opinión, escuchar la de los demás y, por supuesto, que el libro y la lectura se disfrutan más así. Dejo dos pequeñas valoraciones de dos alumnos que no son precisamente lectores voraces:

«Hablar del libro sí que me mola, profe».

«Es el primer libro que me leo en 3 años, que realmente me engancha y que me gusta hablar de él».

Asimismo también también les pido que den su opinión para mejorar la tertulia o que comenten aspectos que no les han gustado, pero eso lo concretaré en la entrada de la evaluación. Os animo a probar el sistema y a que comentéis vuestro resultado o cualquier duda en los comentarios.

 

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